E-libro; electrónica vs. celulosa PDF Imprimir Correo electrónico

 

Entrevista a Natalia Padilla*

 

1.- Barnes & Noble, una de las cadenas más grandes de librerías en Estados Unidos, anuncia que está considerando "alternativas estratégicas, incluida la venta" para recuperarse del desequilibrio financiero causado por la oferta del libro digital. Se anuncia, pues, un reposicionamiento de las estrategias del mercado editorial, en el que el libro digital va ganando terreno. Esta es una pregunta de cajón: ¿crees que esto represente a mediano plazo, si no la total desaparición del libro tal y cómo lo conocemos, sí un cierto tipo de olvido, una degradación paulatina del mismo, ya sea como objeto de lujo o como pieza de museo?

 

Las editoriales se han visto obligadas a adaptarse a la demanda de los lectores; estos son ahora los que marcan la tendencia en el mercado editorial, los que llevan el sartén por el mango; después de haberse tenido que resignar a los altos precios y a los problemas de distribución derivados de la edición de los libros en papel publicados por la oligarquía editorial, la publicación de libros digitales de pronto se abre como una opción que beneficia mucho más al lector, pero también al autor.

El libro impreso no va a desaparecer, simplemente se enfrenta a una fuerte competencia que quizás sí esté empezando a desafiar su poder cultural (de cultura y de culto) y su trono. Se erige el libro digital como un candidato de la oposición fuerte que democratiza la lectura, que facilita el acceso al libro, que apuesta por el contenido, por “el qué se lee” más que “el cómo” o “dónde se lee”, lo que ofrece otro modelo de edición, que plantea una comunión distinta entre el autor, el libro y el lector, donde el mensaje permanece ileso y el vehículo de comunicación se transforma, sortea los obstáculos y permite que el lector pueda acceder con menos dificultad a la obra, al contenido de la obra, a cambio de un precio más razonable y que permite al autor que su trabajo se difunda, en su mayoría, sin restricciones fronterizas, al alcance de cualquiera que entienda su idioma. Los votantes son los lectores y los autores. La campaña ya se ha iniciado y los seguidores del libro digital van en aumento.

Si se olvida o desaparece o degrada el libro impreso como fetiche intelectual, me tiene sin cuidado. La portada, las tapas, el papel, el pergamino, la escritura cuneiforme, la página, las letras impresas, el olor a tinta, claro que significan mucho en mi imaginario y supongo que en el imaginario colectivo de la mayoría, pero me parece que la principal impronta en el imaginario es lo que todos esos utensilios se esforzaban por almacenar, por hacer perdurar, por difundir, por dotar de cierta trascendencia: el contenido, el saber, la capacidad de imaginar, de inventar historias, de lograr con la palabra que ciertas emociones se vuelvan permeables o impermeables, la capacidad de significar, de evocar, de distorsionar la realidad, etc. Más que la permanencia del libro impreso, me gustaría elucubrar acerca de si el libro digital podría favorecer o estimular el crecimiento de lectores activos y exigentes.


2.- El crítico literario Albert Kernan dice que la idea de literatura universal permitió que se confabulara un orden que despojaba de su contexto las literaturas nacionales para conformarlas en un corpus que generalizaba la experiencia escrita en un sólo molde. ¿Es posible que con el libro digital esta unicidad se fragmente para que, si no ya las literaturas nacionales se reivindiquen como una tradición territorial, sí se ponga en juego la naturaleza de lo que se ha dado en llamar “canon literario”?

 

La aparición del libro digital implica una revolución, una evolución, una transformación bibliográfica, precisamente porque sí van a cambiar los hábitos de lectura, los hábitos en el proceso de edición, sí va a cambiar la manera de entender el hecho público, incluso de consolidar la autoría y sí se van a empezar a beneficiar un poco más quienes merecen beneficiarse: los creadores del mensaje y los receptores del mensaje. Me parece que ya es hora de que la industria editorial les devuelva lo que les pertenece, que recuperen el lugar protagónico que les corresponde, la importancia fundamental que tienen en el proceso de comunicación, de publicación y justamente en la construcción del canon literario. A lo que acudimos con la publicación digital es al acercamiento de estas dos figuras: el autor y el lector, se acorta el tramo entre el creador, la creación y el destinatario, disminuyen los intermediarios, las comisiones, se esquiva a los distribuidores y a los libreros que claro que son los que van a pegar más fuerte el grito en el cielo (ya llevan tiempo pegándolo y sí que tienen un ronco pecho) porque se están volviendo prescindibles, ya no podrán parasitar a sus anchas alrededor de la obra literaria, porque se volvió imposible de ocultar que lo que obtenían del libro-mercancía era a costa de los autores y de los lectores: los principales perjudicados, cuando, a mi juicio, tendrían que jugar un papel más activo, más protagónico. Por lo mismo, este momento me parece motivo de festejo, aunque tengamos que renunciar (al inicio, en lo que las manos, los ojos y la nostalgia se acostumbran) al romanticismo del libro como fetiche, a la endogamia del canon literario que preserva los grandes nombres y que promueve que se repitan las mismas fórmulas anquilosadas.


3.- Borges dice que el poseedor de una biblioteca es ya, por ese mero hecho, un lector. Por otro lado, para nadie es secreto que un buen lector muy a menudo suele convertirse en escritor. Sin embargo, estos posibles escritores del futuro ya no tendrán las bibliotecas que las generaciones antecedentes tuvieron. Los lectores que nazcan en estos tiempos, observarán al libro de manera distinta, y a la vez el producto literario tendrá un envoltorio –un paratexto– diferente. ¿Crees que la manera en la que es concebida la literatura antes del e-book cambie luego de su aparición y acoplamiento en la cultura? ¿La forma, pues, tendrá repercusiones sobre el contenido?

 

Las nuevas generaciones tendrán bibliotecas enteras almacenadas en la memoria del libro electrónico o en lo que hoy se llama “la nube” (cloud-computing), con capacidad casi ilimitada para más títulos que cualquier biblioteca tradicional, que se podrán transportar a donde quiera que se vaya, o acceder a ellos en la red, siempre al alcance de la mano y con criterios de organización adaptados a la preferencia de los usuarios. Los lectores de esta generación y de las generaciones venideras se sentirán más familiarizados, más cómodos y más identificados con un soporte electrónico que con un libro impreso. Son pocos los adolescentes que van a las bibliotecas a investigar, sus trabajos académicos los hacen navegando en Google, para las nuevas generaciones la enciclopedia es Wikipedia, la principal fuente portadora de información y de conocimiento, en general se sienten más seducidos por la tecnología que por un libro que podrían considerar incluso anticuado, pre-tecnológico. Un soporte digital, una lectura interactiva a través de una pantalla, es muy probable que les resulte más atractivo y los tiente más a leer. Desde la aparición de la TV, la gran pantalla, las computadoras, los celulares cada vez más sofisticados (inteligentes), la forma de concebir la ficción, la virtualidad y en consecuencia, la forma de concebir la literatura se ha ido transformando. La aparición del libro electrónico es simplemente la adaptación del libro y del acto de leer a los nuevos tiempos, su manera de modernizarse, de usar la tecnología también a su favor, de verla como un aliado indispensable para resurgir con fuerza y hacerse un hueco entre tantos estímulos, un forma de sobrevivir al furor de la inmediatez.


4.- Cuando se piensa en la adquisición de un e-book comparándolo con las ventajas de poseer un libro convencional, el posible usuario está realizando una sustitución. A pesar de que el resultado final sea el mismo –el acto de leer–, el nuevo producto es un reemplazo del objeto libro como tal. En este sentido, forma y contenido (libro físico y texto) se disocian en el libro electrónico. Por un lado compras el aparato lector y por otro el documento. ¿Es esto una renuncia al fetiche del objeto, o una disgregación de del mismo que lo fantasmaliza, que lo vuelve un objeto de deseo distinto?

 

El soporte de lectura seguirá transformándose y el contenido se adaptará al medio que lo reciba. Como su nombre lo indica, se trata de un soporte de múltiples lecturas, un recipiente que almacena y que permite acceder al discurso del autor, asistir a su desdoblamiento, a su ficción, a su representación, a su virtualidad, a su verbalidad a través de un objeto (el iPad, iPhone, ebook, ereader, etc.) que emula a otro, a su antecesor: el libro de papel. Los libros electrónicos tienen portada, tienen páginas que puedes cambiar con el dedo, puedes hacer una marca en la página para retomar la lectura después, pero que también ofrece funcionalidades y utilidades de navegación que vuelven de un glamour distinto el acto de leer y de los que está desprovisto el libro convencional. El iPad fue diseñado como un fetiche y ya está siendo adoptado y casi venerado; si se ha de venerar algo, me parece genial y signo de sano esparcimiento, que sea un soporte de lectura, uno de los pocos diseños tecnológicos que permite a los usuarios replegarse e imaginar, que favorece esta actividad tan íntima y solitaria que empezaba a extinguirse ante tanta oferta de enajenación: leer.


5.- En la literatura que realizas hay ya una invocación de esta escritura fragmentaria, realizada de impresiones emocionales que se parecerían mucho al zapping o a la navegación por un espacio virtual de la conciencia. ¿De qué manera sientes que Internet o alguna otra herramienta tecnológica incidieron en tu producción literaria?

 

Quizás Internet y la tecnología incidieron en mi proceso creativo al aportarme una experiencia distinta alrededor de la virtualidad y la alteridad. Las redes sociales se vuelven un placebo contra la soledad que tarde o temprano muestran la imposibilidad de cumplir su promesa: sacarnos del aislamiento y la desvinculación. Lo que sí te ofrece son hologramas, una red de amigos casi imaginarios a los que vuelves testigos de tu vida, aunque precisamente esta red, para los que vivimos en el extranjero, hace más llevadero el desarraigo. Un entorno virtual, una comunidad artificial que te sabe, que te mira, que confirma tu existencia y que te regala una hermosa mentira: no estás solo, a la gente le importa lo que dices y piensas. Mi escritura fragmentaria tiene que ver más con respetar mi ritmo y mi respiración. Mi pensamiento, la (re)construcción de mi discurso, se manifiesta de manera intermitente. Permito que el instinto le quite la palabra de la boca a la lógica que añora un texto terminado, completo, sensato, para desde allí, desde ese limbo, escarbar en lo ominoso, estrangularlo hasta que diga lo que sospecha y calle lo que sabe y su decir, resulta que es fragmentario. El fragmento me permite velar y desvelar, significar a medias, señalar que la frase, por más que se quiere, siempre permanece inconclusa, resulta fallida una y otra vez. Por eso lo hago intencional, provoco una interrupción, para evidenciar la fractura en el lenguaje, la imposibilidad de transmitir definitivamente una idea. Si con el lenguaje no puedo bien decir, bendecir, entonces maldigo, oculto, encierro, callo, omito, evoco ligeramente un saber, un querer, delimito su contorno, inicio una descripción, dejo que se pronuncie y después lo dejo caer, abandono su significado en medio del silencio, lo castigo, lo despojo de cualquier representación.


6.- ¿Cuáles fueron las razones para la creación de una editorial que le diera voz a nuevas propuestas literarias asumidas desde la ruptura de las formas tradicionales de escribir? ¿Tiene esto qué ver con el formato en el que son presentadas?

 

El libro digital ha levantado una gran expectativa y va teniendo muy buena recepción entre los lectores y no me parece que sea porque han sido seducidos por las maravillas de la tecnología o porque el soporte digital ofrezca una experiencia de lectura más satisfactoria que el libro convencional, sino precisamente debido a lo que yo considero un fallo en la larga cadena trófica de la publicación en papel: por los abusos en las regalías para los autores y en el precio excesivo de los libros para los lectores (debido al gasto que implica la distribución y el almacenamiento) que tienen que adquirir un objeto de lujo de celulosa, una pieza de museo que almacena palabras; también por la decepción tanto de los autores y los lectores ante los estrechos criterios comerciales que las editoriales utilizan como vara de medir para dar el veredicto de publicable o no a una obra literaria, por el cortísimo tiempo de exposición en los anaqueles de las obras que finalmente han sido publicadas y cuyo tiempo de gloria, de vida pública, el plazo de visibilidad en las librerías es despiadado y voraz, antes de ocultarlo, almacenarlo y triturarlo, muy poco tiempo para mostrar su valía, para ser reconocido, para ser descubierto por sus lectores potenciales, muy poco tiempo para que algún crítico pida clemencia, busque su amnistía, antes de que lo desaparezcan del mapa literario. Una gran oportunidad se abre, se expande, para los escritores nóveles y para los lectores que podrán tener tiempo para decidir si el libro los sorprendió o los decepcionó, si compran el siguiente libro del autor, si lo regalan o lo recomiendan. La suma de estos factores es una campaña inevitable lanzada a favor del libro digital que aún entre toda esta incertidumbre que ha ocasionado, va a favorecer el debate alrededor de estos dilemas y va a empezar a ofrecer una alternativa diferente. La idea de la editorial surge primero como una forma de escapar a la impotencia: he leído muchas novelas interesantes –que salen de los moldes tradicionales de escritura, de las fórmulas del bestseller y (como lo denomina Pablo Raphael) que apuestan por el “longseller”– de amigos y conocidos que han sido rechazadas por las editoriales, incluida la mía que posteriormente ganó el Premio Juan Rulfo, como una forma creativa de indignación y casi de insurrección poniéndome ya muy grandilocuente y hay que aceptarlo, también como una forma de manifestar mi tendencia a la megalomanía y por último como una forma de hospitalidad: deseo invitar a autores con propuestas novedosas a la plataforma de Amphibia, donde consideramos que la irreverencia, lo extraño y lo atípico es una cualidad, donde la heterodoxia literaria es bienvenida. Pero Amphibia Editorial principalmente surge como un acto de amor, como un mestizaje. Mi pareja Walid Hakiri es co-fundador de Amphibia, su trayectoria profesional lo ha llevado a especializarse en la implantación de sistemas de información en el sector bancario, y digamos que con ese conocimiento y ese interés –indispensable entre otras cosas para la creación de la plataforma tecnológica de Amphiba y para considerar al lector y al autor como clientes a quienes prestamos un servicio– hemos armado la infraestructura para gestionar el flujo de información alrededor del contenido, del cual me encargo yo. Los autores son los proveedores de ese contenido, y yo como editora coordino los proyectos con ellos e intento que el material quede lo más consistente posible antes de su divulgación internacional. Que la forma y el contenido sean novedosos es un aliciente.


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Natalia Padilla Carpizo nació en 1979 en México, D.F. y vivió gran parte de su infancia y adolescencia en Tepoztlán rodeada de olor a pachuli. Fue ganadora del Premio Juan Rulfo para primera novela con su obra “Nudo Ciego”. Estudió la Licenciatura en Literatura Latinoamericana en la UIA y en el 2005 se trasladó a Madrid a estudiar el Doctorado en Ciencias de las Religiones en la UCM. Dos años después se muda a Barcelona para escribir su tesis doctoral y su tercera novela cerca del mar. En febrero del 2010 funda junto a Walid Hakiri la editorial digital Amphibia. En septiembre del 2010 será la lectura de su tesis doctoral; “Aproximaciones al Otro; crisis de identidad y contactos culturales entre el Islam y Occidente” con la que espera dar por terminados sus estudios y dedicarse de lleno a la Editorial.



* Realizada por César Cortés.

 

 

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